En este artículo te voy a hablar de Beatify, el competidor gratuito de Hitster pero antes, déjame hablarte de HACS.
HACS Home Assistant sirve para muchas cosas serias: instalar integraciones, probar tarjetas, añadir herramientas que no vienen de serie y meterte en algún que otro jardín domótico. Pero de vez en cuando aparece una integración que no viene a resolver una fuga de agua, ni a ahorrar tres céntimos de luz, ni a detectar si el perro ha pasado por el pasillo. Viene a hacer algo mucho más importante: convertir el dichoso servidor de Home Assistant en el alma de la sobremesa.
Eso es justo lo que hace Beatify. Un juego musical para Home Assistant donde suena una canción por tus altavoces, la partida se ve en la tele y cada invitado responde desde su móvil escaneando un QR. Sin instalar apps, sin crear cuentas, sin pedirle a tu cuñado que recuerde la contraseña de Google. Pim pam toma lacasitos.
En este artículo vamos a ver qué necesitas, cómo se instala desde HACS, qué peajes tiene y por qué puede ser la primera vez que tu familia mire el cacharro de papá con algo parecido al respeto.
Capítulos
Si quieres ir al grano con el vídeo, aquí tienes los capítulos.
00:00 Introducción al mejor juego de fiesta en Home Assistant
00:57 Por qué Beatify no es igual que Hitster
02:06 Qué necesitas para montar la fiesta
03:50 Instalar Beatify en Home Assistant
04:33 Configuración en 5 pasos a prueba de tontos
06:40 Cómo jugar a Beatify
08:41 Modos de juego de Beatify
10:02 Los extras para competir
11:10 Final de partida Beatify
12:28 3 Recetas para jugar en familia
13:58 Conclusión y código VINILO
Qué es Beatify y qué no es
Beatify es un juego multijugador que se ejecuta dentro de Home Assistant. La idea es sencilla: el sistema reproduce una canción, los jugadores intentan adivinar datos sobre ella y el marcador va repartiendo puntos según lo cerca o rápido que responda cada uno.
La gracia no está solo en adivinar canciones. La gracia está en cómo aprovecha lo que ya tienes montado en casa. La música sale por un altavoz inteligente, la pantalla principal puede estar en la tele del salón y los móviles de los invitados funcionan como mandos. Todo en local, desde una web, sin que nadie tenga que instalar Home Assistant ni registrarse en nada.
Si has jugado o visto juegos de mesa tipo Hitster, la idea te sonará. Suena un temazo y la gente tiene que tirar de memoria musical. Pero Beatify no intenta copiar carta por carta esa mecánica. Aquí no compras una caja cerrada que se acaba cuando la peña se aprende las respuestas. Beatify tira de listas musicales y servicios de streaming, así que el repertorio puede crecer mucho más.
Eso sí, conviene entender la diferencia desde el principio. Beatify no va de colocar una tarjeta física en una línea temporal. Va más directo al grano: puedes jugar a adivinar el año, el título o el artista. Según el modo elegido, puntúas por cercanía, por velocidad o por acierto. Y si metes extras, la partida se puede convertir en una guerra familiar de las buenas.
También trae listas preparadas, incluyendo listas en español y opciones para jugar con niños. Esto es importante, porque en una partida familiar mezclar canciones de los setenta con criaturas que solo conocen Disney puede acabar en drama. Beatify permite ajustar bastante bien la partida para que no sea el Trivial de siempre, donde a los diez minutos alguien ya está mirando el móvil con cara de querer irse.
Y aquí entra la parte domótica. No es solo un jueguecito embebido en un panel. Beatify puede usar luces, voz y entidades reales de Home Assistant. Si quieres, puedes hacer que las bombillas cambien de color al ritmo de la canción, que el sistema anuncie la ronda por voz o que una automatización prepare el salón cuando arranca la partida. Agárrate los machos, porque esto ya no es encender una lámpara desde el móvil.
Lo que necesitas antes de instalar Beatify
Antes de abrir HACS Home Assistant como si no hubiera un mañana, hay que revisar el peaje. Beatify es gratis, pero no funciona con cualquier combinación de altavoz y música. Si te saltas esta parte, puedes instalarlo perfecto y quedarte con cara de lelo porque no aparece tu altavoz en la lista.
Lo primero es tener Home Assistant actualizado. Según el guion del vídeo, necesitas Home Assistant 2025.1 o superior. Si tu servidor lleva dos años criando polvo en un armario, toca actualizar antes de montar la fiesta. HACS también tiene que estar funcionando, claro. Si aún no lo tienes, puedes empezar por cualquier guía básica de integraciones de Home Assistant para entender cómo encaja todo esto dentro del sistema.
Lo segundo es el altavoz. Y aquí viene la primera hostia de realidad: no vale cualquiera. Beatify puede trabajar con Music Assistant, Sonos y Alexa. Si tienes un Echo en el salón con Spotify vinculado, vas por buen camino. Si tienes Sonos, también. Si tienes Music Assistant funcionando como puente, estupendo.
Pero si esperas que aparezca cualquier Chromecast, Nest Audio o HomePod de Apple, mal asunto. No es que Beatify esté roto. Es que esos dispositivos son más cerrados que un submarino para este tipo de uso. La clave es que Home Assistant tiene que poder pedir una canción concreta bajo demanda. Si el altavoz no permite eso de forma fiable, Beatify ni lo enseña para no darte falsas esperanzas.
La solución más flexible suele ser Music Assistant, que actúa como puente entre Home Assistant, tus servicios de música y los altavoces compatibles. No es obligatorio en todos los casos, pero si tu ecosistema de audio es un pequeño Frankenstein, puede ahorrarte bastante sufrimiento.
Lo tercero es la suscripción musical. Beatify no te cobra nada, pero necesitas una cuenta de música de pago. Spotify, Apple Music, YouTube Music o Amazon Music, la que uses en casa. Lo importante es que permita reproducción bajo demanda. Spotify gratis no sirve porque no puedes pedirle una canción exacta cuando te dé la gana, y este juego va precisamente de eso.
Para el montaje del vídeo, Luis lo hace con Alexa y Spotify. Es una combinación muy habitual: un Echo en el salón, Spotify vinculado en la app de Alexa y la integración Alexa Media Player instalada desde HACS. Si quieres repasar esa parte, tienes una guía específica para integrar Alexa en Home Assistant.
Y una aclaración importante: en el enfoque del vídeo, Beatify va por streaming. No va de enchufarle una carpeta de MP3 del NAS ni de rescatar aquella colección musical del eMule de 2004. Aquí la partida tira de servicios de música. Si venías con la ilusión romántica de usar tus archivos locales, mejor enterarse ahora que a mitad de sobremesa.
Instalar Beatify desde HACS Home Assistant
La instalación de Beatify es de las agradables. No tienes que añadir repositorios raros a mano, ni copiar una URL perdida de GitHub, ni rezarle a San YAML. Beatify aparece en HACS por defecto, así que el proceso es bastante directo.
Abre HACS en la barra lateral de Home Assistant, busca Beatify y pulsa descargar. Cuando termine, reinicia Home Assistant. Sí, reiniciar da pereza, pero con integraciones nuevas sigue siendo la forma más limpia de que todo cargue como debe.
Después del reinicio, ve a Ajustes → Dispositivos y servicios → Añadir integración y busca Beatify. Lo seleccionas y lo añades. Lo bonito es que aquí no hay usuarios, contraseñas, tokens, claves API ni esa mandanga que a veces convierte una instalación de cinco minutos en una tarde de sufrimiento.
Cuando la integración queda instalada, Beatify se coloca en la barra lateral de Home Assistant. Desde ahí puedes abrir el juego. Además, trae un botón para lanzarlo a pantalla completa en una pestaña nueva, sin los menús de Home Assistant estorbando por los lados. Esto parece un detalle menor, pero para una partida en familia es clave. Nadie quiere ver tu panel de sensores mientras intenta adivinar si una canción salió en 1987 o en 1992.
Si todavía no tienes HACS instalado, este artículo no pretende convertirse en otro tutorial completo de HACS, pero la idea básica es que HACS es la tienda comunitaria de Home Assistant. Desde ahí instalas integraciones y tarjetas que no vienen en el núcleo oficial. Puedes leer la documentación oficial de HACS si quieres ver los requisitos exactos antes de ponerte a tocar nada.
Y ojito con esto: HACS no convierte automáticamente cualquier cosa en estable, oficial o bendecida por Home Assistant. Es una herramienta de comunidad. En este caso Beatify está muy bien pensado para una experiencia de juego, pero sigue siendo una integración externa. Instala, prueba y ten claro qué estás añadiendo a tu sistema. No hace falta ponerse paranoico, solo actuar como adulto funcional.
Una vez dentro de Beatify, el primer arranque no te tira a una pantalla llena de botones. Te lleva por un asistente de configuración de cinco pasos. Y esto se agradece muchísimo, porque el objetivo del juego es que la familia juegue, no que tú pases una hora explicando por qué Home Assistant no encuentra el altavoz del salón.
Configurar altavoz, música, listas y domótica
El asistente de Beatify empieza por la pregunta más importante: dónde debe sonar la música. Y aquí el sistema es listo. No te enseña todos los reproductores que existen en tu Home Assistant, sino los que sabe que pueden funcionar con Beatify. Verás altavoces compatibles etiquetados como Music Assistant, Sonos o Alexa.
Esto evita una de las situaciones más frustrantes de la domótica: elegir algo que aparece en una lista, empezar una configuración y descubrir después que no sirve. Beatify directamente esconde los altavoces que no valen. Menos libertad aparente, sí, pero mucha menos posibilidad de liarla parda.
El segundo paso es elegir el servicio de música. También se filtra según el altavoz elegido. Si usas Sonos, el sistema puede ofrecerte las opciones que soporta de forma directa. Si usas Alexa, aparecerán servicios como Spotify, Apple Music o Amazon Music, según la configuración disponible. La idea es que no tengas que memorizar compatibilidades. Beatify intenta ponerte delante solo lo que tiene sentido.
El tercer paso son las listas. Aquí eliges qué repertorios quieres usar en la partida. Hay listas preparadas por la comunidad y separadas por nacionalidades, incluyendo españolas. También hay listas más familiares, como Disney, que pueden salvarte una tarde con niños. Cada vez que seleccionas listas, Beatify te indica cuántas canciones tienes disponibles para jugar.
El cuarto paso es el modo de juego. Puedes jugar al modo Año, donde cada jugador intenta acercarse al año de lanzamiento, o al modo Título e Intérprete, donde hay que escribir qué canción es y quién la canta. Ahora veremos esos modos con más calma, porque cambian muchísimo el tipo de partida.
El quinto paso es opcional, pero es donde aparece la magia domótica: luces y anuncios por voz. Puedes decirle a Beatify qué bombillas inteligentes participan en la partida. A partir de ahí, el juego puede tomar el control para cambiar colores, hacer destellos, reaccionar a aciertos o acompañar la música. Si tienes WLED, incluso puedes definir efectos concretos. Y si te gusta este tipo de ambientación, échale un ojo a la guía de WLED con Home Assistant, porque combina de maravilla con este tipo de locuras.
Los anuncios por voz usan el text-to-speech de Home Assistant. Beatify puede narrar momentos de la partida: ronda actual, cuenta atrás, cambios de líder, rachas y otros eventos. Lo interesante es que habla en español y no lee los años como un robot tonto soltando dígitos sueltos. En una partida familiar, esos detalles hacen que todo parezca mucho más integrado.
Cuando terminas el asistente, aterrizas en la pantalla de listo para jugar. Y si otro día vuelves a abrir Beatify, no tienes que repetir toda la configuración desde cero. El juego recuerda los ajustes y te deja montar partida mucho más rápido.
La tele es el escenario y los móviles son los mandos
Una de las mejores decisiones de Beatify es separar claramente la pantalla principal de los mandos. La tele es el escenario. Los móviles son los mandos. Así de simple. En la tele ve todo el mundo el QR para entrar, la carátula del disco, la revelación de la respuesta, la clasificación y los momentos importantes de la partida.
Los jugadores solo necesitan escanear el QR, escribir su nombre y entrar. No instalan ninguna app, no necesitan cuenta y no tienen que saber qué demonios es Home Assistant. Esto es lo que convierte a Beatify en un juego familiar de verdad. Porque si para jugar tienes que explicar HACS, integraciones, usuarios y contraseñas, la sobremesa se enfría antes de empezar.
Para llevar la pantalla a la tele tienes varias opciones. Puedes abrir la dirección en el navegador web de la propia tele. Puedes enviarla por Chromecast si lo tienes cómodo. O puedes empotrar la vista en un panel de Home Assistant con una tarjeta iframe. Esta última opción es muy fina si tienes un dashboard preparado para el salón, porque dejas Beatify a un toque.
Hay una aclaración importante: la pantalla de la tele es imagen. El sonido no sale necesariamente por la tele. El sonido sale por el altavoz que elegiste al configurar Beatify. Si quieres que suene por la tele, tendrás que elegir la tele como altavoz compatible, si aparece como tal. Si no, la tele enseña la partida y el Echo, Sonos o altavoz de Music Assistant reproduce la música.
Cuando entran los jugadores, Beatify les muestra un tutorial rápido en el móvil. Esto parece una tontería, pero es oro puro. En una partida real siempre hay alguien que pregunta tres veces dónde tiene que tocar. Aquí el propio juego explica lo básico y el anfitrión puede ver quién sigue leyendo instrucciones antes de empezar.
También hay un QR para rezagados. Porque siempre llega alguien tarde. Si la partida ya ha empezado, puede entrar igualmente. Y para que no aparezca con cero puntos cuando vais por la ronda tres, el sistema lo mete con la puntuación media del grupo. Es una decisión pequeña, pero evita que el tardón se convierta en un cadáver en la clasificación desde el minuto uno.
Durante la ronda, la tele muestra la carátula desenfocada. No es postureo visual. Muchas portadas llevan el año, el título o el artista en grande. Si la portada se viera limpia desde el primer segundo, sería regalar media respuesta. Mientras tanto, cada jugador responde desde su móvil. En el modo Año, por ejemplo, tienes el año en grande y puedes moverlo con el dedo de uno en uno o con saltos más grandes para cambiar de década.
El reloj también mete presión. Cuando quedan pocos segundos se pone en rojo y empieza a latir. Y aquí Beatify hace una cosa muy buena: dudar cuesta puntos. Responder rápido multiplica más. Responder en el último suspiro multiplica menos. Así que no basta con saber; también hay que atreverse.
Cómo se juega una ronda en Beatify
La ronda empieza con la canción. Todo el mundo escucha, mira la tele, mira el móvil y empieza el festival de caras. El que cree saberlo lo manda rápido. El que duda entre dos décadas empieza a sudar. El que no tiene ni puñetera idea intenta leer el ambiente, como si eso sirviera de algo.
Cuando envías tu respuesta, el móvil te deja esperando a los demás. Si toda la sala responde antes de que termine el tiempo, Beatify corta la ronda automáticamente. Esto evita tiempos muertos. No hay que esperar treinta segundos mirando al techo si todo el mundo ha contestado en diez.
Después llega la revelación. La tele muestra la respuesta correcta, tu respuesta al lado y los puntos conseguidos. Si clavas el año exacto, aparece confeti dorado. Si te vas veinte años, queda constancia pública de la hostia que te has dado. Y eso, reconozcámoslo, es parte del encanto.
Beatify también muestra un dato curioso de la canción. En español. Esto le da un punto de programa de televisión casero que funciona muy bien, porque no todo se queda en acertar o fallar. A veces sale una historia, una anécdota o un detalle que da conversación entre rondas.
Al final de cada ronda aparece la clasificación. La pared de la vergüenza, dicho fino. Ahí se ve quién va primero, quién está remontando y quién necesita dejar de decir «esa me la sabía» después de fallar por quince años.
Además, Beatify tiene una vista de información donde puedes ver dónde ha apostado cada uno en una línea de tiempo. Esta pantalla es maravillosa porque enseña de un vistazo quién iba fino y quién ha tirado una respuesta a lo loco. En un juego musical familiar, esa comparación genera más risas que el propio marcador.
La clave de todo esto es que la partida avanza sola. El anfitrión no tiene que estar haciendo de árbitro todo el rato. Home Assistant reproduce, Beatify controla la ronda, los móviles recogen respuestas y la tele revela el resultado. Tú puedes jugar también en lugar de pasarte la noche gestionando el cotarro.
Los dos modos de juego: año o título e intérprete
Beatify tiene dos modos principales, y elegir bien cambia por completo la experiencia. El primero es el modo Año. Es el clásico: suena una canción y cada jugador intenta adivinar de qué año es. Cuanto más cerca estés, más puntos. Si lo clavas, fiesta.
Este modo tiene varias dificultades. Lo interesante es que la dificultad no cambia necesariamente las canciones, sino lo puñetero que es el marcador. En fácil, fallar por unos años todavía puede darte puntos. En difícil, como te vayas demasiado, te llevas un rosco. Esto permite usar canciones conocidas pero endurecer la partida para gente que se cree muy lista.
El modo Año funciona muy bien con adultos de edades parecidas o con listas pensadas para una generación concreta. Si pones música española de los sesenta o setenta con familiares mayores, probablemente arrasen. Si pones listas modernas con adolescentes, igual eres tú el que acaba mirando al suelo.
El segundo modo es Título e Intérprete. Aquí desaparece el año de la ecuación. Suena la canción y tienes que escribir el título y quién canta. Este modo puede salvar partidas familiares donde hay niños, abuelos y adultos mezclados, porque adivinar el año de salida de un disco no es igual de justo para todos.
Beatify perdona faltas de ortografía y pasa bastante de las tildes, que es justo lo que tiene que hacer un juego de salón si no quiere convertirse en una oposición. Pero si la respuesta se queda a medias, aparece una mecánica muy divertida: votación de la sala.
Durante unos segundos, el resto de jugadores puede votar con pulgar arriba o abajo si una respuesta vale o no. Si alguien escribe «Bohemian» en vez de «Bohemian Rhapsody», su destino queda en manos de la familia. Y ya sabes cómo funciona la familia: misericordia poca, cachondeo todo el que haga falta.
Este modo genera mucho griterío, pero del bueno. Discusiones absurdas, defensas imposibles y gente intentando convencer a los demás de que «se entendía perfectamente». Si vas a jugar con niños o con gente que no controla fechas musicales, empieza por aquí.
Extras para encender la mesa
Beatify no se queda en reproducir canciones y sumar puntos. Tiene extras que puedes activar para meter más tensión. No hace falta usarlos todos desde la primera partida. De hecho, si juegas con gente nueva, mejor empieza sencillo. Pero cuando ya saben jugar, estos extras son gasolina.
- Triple o nada: antes de enviar, puedes jugártela. Si clavas el año, triplicas. Si fallas aunque sea por poco, te comes un cero precioso.
- Rachas: varios aciertos seguidos dan puntos extra. El problema es que un fallo rompe la racha y te devuelve a la realidad.
- Robo: si encadenas aciertos, puedes desbloquear una puñalada trapera: copiar la respuesta de un rival una vez por partida.
- Reto del artista: el primero que acierta el cantante se lleva puntos extra. Aquí la velocidad manda.
- Quiz de cine: pensado para bandas sonoras y gente que presume de cinéfila en las sobremesas.
- Modo intro: suenan unos segundos y se corta. A ver quién reconoce la canción con tan poca pista.
El robo merece mención aparte porque es el tipo de mecánica que rompe amistades durante tres minutos y luego se recuerda toda la noche. Si copias la respuesta de alguien, esa persona se entera. Beatify se lo muestra en pantalla. No hay crimen perfecto. Hay traición pública, que es mucho más divertida.
Las rachas también están muy bien porque premian la consistencia, no solo el fogonazo de una canción que conoces. Tres aciertos seguidos pueden darte un empujón. Diez aciertos ya te convierten en objetivo familiar. Porque en cuanto alguien se escapa en el marcador, el resto empieza a jugar contra él aunque nadie lo diga.
La partida termina con fuegos artificiales, podio, medallas y premios personalizados en español. No es un simple «has ganado». Beatify resume momentos de la noche, destaca remontadas, rachas y aciertos exactos. También genera una tarjeta con diseño de vinilo para que cada jugador pueda compartir su resultado. Ideal para restregar la victoria en el grupo de WhatsApp familiar, que es para lo que se inventó la tecnología.
Y, por supuesto, hay botón de revancha. Vuelves a empezar con la misma gente y la misma configuración, sin escanear códigos otra vez. Esto es importante porque nadie pide una revancha con calma. La revancha se exige con el orgullo herido.
Beatify también crea entidades en Home Assistant
Para los que disfrutamos haciendo que la casa parezca encantada, Beatify tiene otro detalle muy interesante: crea entidades reales en Home Assistant. No es solo una web aislada. Puedes tener información de la partida dentro del sistema domótico.
Por ejemplo, Beatify puede exponer la ronda actual, quién va ganando, la puntuación máxima, cuántos jugadores hay o qué canción está sonando. Y en Home Assistant, cuando tienes entidades, tienes automatizaciones. Ahí es donde empieza la mandanga de la buena.
Imagina una automatización que detecta el inicio de partida y prepara el salón: baja persianas, enciende luces de colores, pone una escena concreta y lanza un anuncio por Alexa. O una automatización que cambia el ambiente cuando alguien clava el año exacto. O un panel donde se ve el estado de la partida junto a otros controles del salón.
No necesitas nada de esto para jugar. Beatify funciona perfectamente sin montar un espectáculo digno de Eurovisión. Pero si ya tienes Home Assistant bien organizado, estas entidades permiten integrarlo con el resto de la casa. Y eso es lo que diferencia a Beatify de un juego móvil cualquiera.
Aquí conviene no venirse arriba en la primera tarde. Empieza por instalar, configurar altavoz, elegir listas y jugar una partida normal. Cuando veas que todo funciona, añade luces. Después voz. Después automatizaciones. La domótica es maravillosa, pero también tiene una facilidad tremenda para convertir una idea sencilla en un puto lío si intentas hacerlo todo a la vez.
Tres recetas para jugar en familia sin acabar a palos
Beatify admite de dos a veinte jugadores. En la práctica, eso cubre desde una pareja aburrida un domingo hasta una comida familiar con sobremesa peligrosa. Pero la clave está en configurar la partida para la gente que tienes delante. No para la partida ideal de tu cabeza.
Con niños
Usa el modo Título e Intérprete, dificultad fácil, reloj largo y listas de Disney o canciones que conozcan. Los niños no tienen por qué saber en qué año salió nada. Pero muchos se saben letras, películas y canciones de memoria. Si quitas los años, pueden competir de verdad y más de un adulto acaba recibiendo un repaso curioso.
Con familia mayor
Modo Año, dificultad fácil y listas en español, sesenta o setenta. Aquí el que peina canas juega en casa. Lo importante es no poner una dificultad demasiado salvaje al principio. Si la gente se queda sin puntuar desde la segunda ronda, se apaga la diversión.
Con colegas sin piedad
Modo Año, dificultad alta, triple o nada y reloj corto. Esto ya no es una partida amable de adivinar musiquita. Es tensión nerviosa, apuestas absurdas y gente arrepintiéndose de haber pulsado el botón de triple. Perfecto para una noche en la que nadie quiere quedar como el flojo del grupo.
Dos avisos honestos. El primero: hace falta un móvil por jugador. Si alguien se bloquea cada vez que ve un QR, ponlo en pareja con otra persona. De hecho, jugar por parejas puede ser incluso más divertido porque discuten entre ellos antes de responder.
El segundo: si sois más de veinte, toca hacer turnos. Y si has conseguido meter a más de veinte personas en el salón para jugar con Home Assistant, enhorabuena. Tienes más capacidad de convocatoria que muchas asociaciones vecinales.
¿Merece la pena instalar Beatify?
Sí, si ya tienes Home Assistant, HACS y un altavoz compatible. Beatify es una de esas integraciones que no automatiza una tarea crítica, pero sí cambia la forma en la que la gente de casa percibe tu instalación. De repente, el servidor que nadie entendía sirve para montar una partida musical en diez segundos.
Lo mejor de Beatify es la fricción casi cero para los invitados. Escanean un QR, ponen su nombre y juegan. La tele enseña lo importante, el móvil sirve de mando y Home Assistant se queda haciendo el trabajo en segundo plano. Justo como debe ser.
Lo peor, por llamarlo de alguna forma, es el peaje musical. Necesitas streaming de pago y un altavoz que permita reproducir canciones concretas bajo demanda. Si tu instalación de audio no encaja, tendrás que pasar por Music Assistant, Alexa Media Player, Sonos o la combinación que te funcione en casa.
Pero si ya pagas Spotify, Apple Music, Amazon Music o YouTube Music, Beatify no te añade otra suscripción. Te da una excusa muy buena para que el cacharro de papá deje de ser el sospechoso habitual cuando falla el WiFi y pase a ser el culpable de que la sobremesa se alargue otra ronda más.
Instálalo desde HACS Home Assistant, prepara una lista fácil para la primera partida y pruébalo un domingo. Luego ya habrá tiempo para luces, voz, robos, triples y automatizaciones de salón. Vamos al lío.
















